Friedman

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Sus ex alumnos nos reunimos en un tributo a nuestro profesor, conmemorando el centenario de su nacimiento. Este premio Nobel, uno de los economistas contemporáneos más fértiles e influyentes, fue una persona controvertida. Como suele ocurrir, muchos de sus detractores confunden sus ideas políticas, como las tienen todas las personas, con sus aportes a la teoría económica y su contribución a la investigación empírica.


Es más, por el Departamento de Economía de la Universidad de Chicago pasaron muchos insignes académicos de pensamientos tan dispares como Thorstein Veblen, economista institucionalista, connotado crítico de la sociedad empresarial norteamericana; como Oscar Lange, economista marxista que posteriormente fue Presidente de Polonia bajo dominación soviética, así como destacados defensores de la democracia liberal, como los premios Nobel Theodore Schultz, Milton Friedman, Gary Becker, Robert Fogel y Robert Lucas. Pero, fiel a una fuerte y sana tradición de Chicago, ninguno usó la cátedra para hacer proselitismo político, algo impensable para sus detractores.


Todos tuvieron algo en común: la economía positiva, rigurosidad del análisis teórico y el énfasis en investigación empírica como metodología para confrontar la teoría con la realidad.


Es en este campo donde muchos críticos etiquetaron a Chicago como liberales, porque muchas de las investigaciones empíricas rechazaban juicios a priori que no se sustentaban con la realidad. Por ejemplo, la crítica de Friedman al New Deal de F.D. Roosevelt se debió a que los estudios empíricos demostraron que la recuperación económica de Estados Unidos después de la crisis de 1932 no fue producto del creciente gasto público del gobierno, política fiscal keynesiana, porque los hechos reales investigados indicaron que su efectividad no era la que se pensaba.

 
Por el contrario, el ciclo era más una consecuencia de políticas monetarias erradas. Su Historia Monetaria de Estados Unidos, escrita con Anna Shwartz, es una obra monumental en este sentido.


Como muchos, creyó en la democracia, y sostenía que las economía libres derivaban irremediablemente en la libertad política. Libertad para producir, para consumir, siendo la función del Estado un ente subsidiario pero también aceptando su intervención cuando los mercados se apartan de la competencia o cuando existen economías y deseconomías externas. Si la Política Económica sana hubiera sido practicada por la Unión Europea como la que nos enseña la Macroeconomía, rigurosamente respetada por Friedman, otra habría sido la historia.


¿Existió el Friedman político? Sin duda. Tenía un pensamiento político, pero no fue un profesor político, sino un eximio economista, riguroso en sus análisis y en el valor de las investigaciones empíricas para explicar la realidad. Ese es el gran legado que trasmitió a sus alumnos.

 

 

 

Javier Fuenzalida A.

Universidad Finis Terrae



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